El Club Allard

 

Edificio del Club Allard

Edificio del Club Allard

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llevaba un tiempo con ganas de ir al Club Allard y mira tu por donde, los astros se alinearon y mi mujer tuvo a bien regalarme una cena para dos un viernes a las 9 de la noche.

Todo era perfecto, me había puesto una de mis mejores pajaritas (la azul de tartán escocés) una camisa con gemelos una chaqueta azul de punto y una mujer al lado de las que quitan el sentido.

Estaba muy nervioso, por varias razones:

– Era mi primera vez en uno de los restaurantes que llevo queriendo ir desde hace la tira de tiempo

– ¿Que sorpresas y sabores me esperaban en esos platos?

Entramos a las 21:00 horas en punto y el Maitre, Benito Durán, hizo los honores de recibirnos. Nos cogieron los abrigos en la guardarropía y nos acompañó amablemente a nuestra mesa reservada. Estaba super emocionado (sentimiento que no desapareció, en ningún momento de toda la velada)

Nos ofrecieron una copa de champagne como aperitivo en lo que empezaba el baile.

El silencio, digno de un templo. La limpieza, creo que se podía haber comido en cualquier parte del local, así como el servicio y la excitación, hicieron de éste, un momento inolvidable.

Comedor

Comedor

Y comenzó el baile…

Nos trajeron para empezar una mahonesa de cacahuete que dispusieron en el centro de la mesa y nos explicaron, que las tarjetas debilita que teníamos en frente cada uno eran comestibles y se mojaban en la mahonesa. Muy rico. Me sorprendió.

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Seguido a esto, el amable camarero nos trajo unos platos con aceite de oliva del Marques de Griñón Arbequina y unas escamas de sal de Añana, acompañado con un surtido de panes a elegir muy completo. Yo seleccioné el pan tipo brioche y mi mujer el de tomate.

Aceite de oliva virgen extra y sal de Añana

Aceite de oliva virgen extra y sal de Añana

Nos trajeron seguido el primer entrante: Sardina ahumada con crema de apio-nabo y manzana. Bueno, la sardina estaba tierna y en su punto, un sabor ahumado ligero pero muy agradable y perfectamente unido a la manzana. Respecto a la crema de apio-nabo, no puedo opinar mucho ya que es uno de mis tubérculos favoritos y me lo puedo comer hasta crudo, pero en crema si me apuras me lo unto por el cuerpo. Es divino y con un sabor profundo y de tierra. Si no lo habéis probado, lo podéis conseguir en Gold Gourmet en el espacio Platea en Madrid, Luis estará encantado de conseguirlo, aunque dudo mucho que en temporada, le falte en sus mostradores.

Sardina ahumada con crema de apio-nabo y manzana

Sardina ahumada con crema de apio-nabo y manzana

A continuación nos trajeron uno de los platos que de verdad me sorprendió de toda la velada: Chapito de pez mantequilla y espárrago blanco. Que decir, el caldo elaborado con el pez mantequilla esta en su justa temperatura y con un tremendo a sabor a caldo de este vez, perfectamente condimentado y ajustado para que combinase con una espuma de espárrago blanco que coronaba el chupito. Una tostada de pan y huevas de pescado y un caviar de aceite de oliva acompañaban el redondo plato.

Chupito de pez mantequilla y esparrago blanco

Chupito de pez mantequilla y esparrago blanco

Yo estaba super excitado ante tanta bravura y tenía ganas de mas.

El siguiente plato era un Ravioli de guisante y papada ibérica. De repente, me quede frío, me esperaba otro bofetón de sabor y textura y me encontré algo normal. Lo siento.

Ravioli de guisante y papada ibérica

Ravioli de guisante y papada ibérica

Le dije a mi mujer, tranquila lo siguiente será flipante, ya verás.

El siguiente plato fue: Arroz del mar.

Empezamos a paladear el alioli de plancton y estaba divino, me empecé a venir arriba, hasta que probe el arroz hecho con trozos de sepia cortados muy pequeños, pero estaba dura. Como es posible? el caldo estaba rico, el alioli también, las conchas hechas con , supongo obulato, también, pero la sepia estaba dura. Como decía un viejo amigo, el «pero» anula todo lo anterior.

Arroz del mar

Arroz del mar

El siguiente plato, nos pillo de sorpresa por el tipo de plato y por la vajilla en el que venía: Sopa de cebolla.

He de decir que este si me sorprendió, dos trozos de pan de cebolla con forma de hoja y una esfera de queso cubierta de oblea, que al contacto con el caldo se deshacía, me pareció flipante. Lo único que el caldo estaba casi frío. El sabor me impacto y la estructura del plato me pareció redonda.

Acojonante el plato en el que lo sirvieron, parecía un mortero de mármol blanco pulido. Muy chulo.

Sopa de cebolla

Sopa de cebolla

Empezamos con los dos platos principales.

Lubina con Chutney de Ruibarbo. El plato venía coronado con una hoja de ostra, también conocida como Mertensia. Es una hoja con el sabor exacto de una ostra, lo que lo otorga al plato un sabor marino de entrada muy apropiado para el pescado que presentaba.

La lubina estaba en su punto de cocción, pero, y aquí matizo pero lo MEJOR DE ESTE PLATO ERA: EL CHUTNEY DE RUIBARBO.

Si hubiera tenido un cancarro del chutney y una hogaza de pan, hubiera disfrutado como un pequeño. Memorable.

Lubina con chutney de ruibarbo

Lubina con chutney de ruibarbo

 

El siguiente plato fue un plato que nunca olvidaré, si habéis oído bien NUNCA OLVIDARÉ: PICHÓN SALVAJE DE BRESSE ASADO CON SETAS Y VERDURAS DE TEMPORADA

Absolutamente espectacular, las setas: lengua de vaca y trompetillas de la muerte, las pechugas jugosas, tiernas, sedosas, se deshacían en la boca, con su jugo por encima. Solo por este plato ya mereció la pena la visita, increíble, memorable.

Pichón de Bresse asado con setas y verduras de temporada

Pichón de Bresse asado con setas y verduras de temporada

Después de este homenaje sin palabras nos trajeron para desengrasar el prepostre: Flor de Hibiscus con pisco Sour y un crumble de pistacho muy rico.

Refrescante y adictivo, con mucho «power ranger» para ir cerrando la velada.

Flor de hibiscus con Pisco Sour

Flor de hibiscus con Pisco Sour

A partir de aqui, la gran decepción, lamento decirlo, pero los postres no estaban a la altura del menú ni de la cena.

En primer lugar nos trajeron un postre llamado :Pétalos. Cómo describirlo, era una bola de chocolate blanco con una mousse de pétalos de rosa en su interior que al probarlo sentí como si le hubiera pasado la lengua a un bote de crema Nelly de Rosa Mosqueta. De hecho nos pregunto el maitre si nos había gustado y lamentablemente le tuve que decir que no, que era demasiado sofisticado para mi paladar y que no lograba entenderlo.

Pétalos

Pétalos

El siguiente postre fue raro: Rocas de chocolate. Una especia de piedras de chocolate carentes de sabor, eso si, acompañadas con un helado de haba tonka exquisito, además de un bizcocho suave de te verde.

Rocas de Chocolate

Rocas de Chocolate

La guinda que colmó el vaso fueron los petit fours, yo los definiría como un «puedo y no quiero»: LA PIZARRA. Unas golosinas super acidas de fruta de la pasión y unos financiers que estaban durísimos (una pena) porque el financier ha de ser esponjosos y suave, si no es un asco.

La pizarra, petit fours

La pizarra, petit fours

Repito, los postres lo peor con diferencia. Al final te dan el menú impreso, pagas el agua mineral que te has bebido y fin.

Terminamos nuestra cena y nos recogimos a casa comentando por el camino la jugada.

En resumen, la experiencia merece la pena por el tipo que es, pero los postres son lo peor que he comido en mucho tiempo, salvo los matices del helado de haba tonka.

Un restaurante con dos estrellas Michelin, debería de ser inolvidable en cada bocado que das, en cada plato que te ponen y sentir cosas nunca vividas. Al menos eso creo yo.

Bueno amigos, #dicestuqueno se puede hacer una crítica de un restaurante laureado, pues aquí está.

Adios

 

 

 

 

 

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